
En momentos como estos las palabras no sirven de mucho. Sólo buscar el silencio, la paz interior y sentir el orgullo de ser hincha de Estudiantes. A pesar del resultado, una vez más el Pincha tiene el mundo a sus pies. La imagen que dejó ante el poderoso Barcelona es digna de un verdadero campeón y es el fiel reflejo del amor propio de un grupo de jugadores que dejó la vida adentro de la cancha.
Los últimos seis meses se resumen en la espera del Mundial de Clubes. Aquel sitio de privilegio que sólo unos pocos equipos tienen el honor de ocupar y que el León justificó con el alma. El lamento de haber estado a dos minutos de la gloria será un puñal difícil de quitar, pero eso también marca el gran trabajo que el cuerpo técnico hizo al planificar esta final y hace pensar que la mística sigue viva.
La segunda corona quedó pendiente, pero no para siempre. El proyecto que se viene realizando en los últimos años alimenta la ilusión de que el club se mantenga en los primeros planos del fútbol mundial. El dolor pasará con el correr del tiempo, las lágrimas se secarán y allí sólo quedará espacio para el reconocimiento. Estudiantes se fue de Abu Dhabi con la frente bien alta.
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